La renuncia a la acción en el proceso civil turco
Una parte que presenta una demanda en Turquía no está obligada a llevar el procedimiento hasta una sentencia definitiva. Las estrategias procesales cambian, las partes alcanzan acuerdos extrajudiciales y, en ocasiones, el demandante simplemente reconsidera si continuar el litigio sigue teniendo sentido. El derecho procesal civil turco prevé para esta situación una institución específica denominada «feragat», que en español corresponde de forma más precisa a la renuncia a la acción o renuncia a la pretensión, un concepto fundamentalmente distinto del simple desistimiento de la demanda.
La definición legal de la renuncia a la acción
El Código de Procedimiento Civil turco (Hukuk Muhakemeleri Kanunu, Ley n.º 6100) regula esta institución en el artículo 307, dentro de la sección dedicada a los actos de las partes que ponen fin al procedimiento. La norma establece:
«La renuncia consiste en el abandono, total o parcial, por parte del demandante, de las pretensiones solicitadas en la demanda.»
Esta definición parece sencilla, pero conlleva consecuencias jurídicas de gran importancia. La renuncia a la acción no es un acuerdo transaccional entre las partes, ni tampoco una desestimación de la demanda por el tribunal por motivos procesales. Se trata de una declaración unilateral del demandante, mediante la cual manifiesta que ya no desea obtener, total o parcialmente, lo que originalmente había solicitado.
Precisamente por ello, la renuncia a la acción suele confundirse con el desistimiento de la demanda (davayı geri alma), que se regula en una disposición independiente y produce consecuencias completamente distintas. En el desistimiento, el demandante conserva por regla general la posibilidad de volver a presentar la misma pretensión en el futuro, ya que el derecho material no se extingue, sino que únicamente finaliza ese procedimiento concreto. La renuncia a la acción, por el contrario, conlleva la extinción del propio derecho en relación con la pretensión formulada. Las consecuencias de optar por una u otra vía pueden ser radicalmente distintas, por lo que el asesoramiento jurídico previo a cualquiera de estos pasos resulta indispensable.
Requisitos formales para una declaración válida
Dado que la renuncia a la acción produce consecuencias tan graves y, en gran medida, irreversibles, el derecho turco impone requisitos formales estrictos para su declaración. El artículo 309 del HMK regula la forma tanto de la renuncia como del reconocimiento de la demanda (el acto especular del demandado, mediante el cual este acepta las pretensiones del demandante). La norma dispone:
«La renuncia y el reconocimiento se realizan mediante escrito o verbalmente durante la audiencia. La validez de la renuncia y del reconocimiento no depende del consentimiento de la otra parte ni del tribunal. En caso de renuncia o reconocimiento parcial, la parte objeto de la renuncia o del reconocimiento deberá indicarse expresamente en el escrito o en el acta. La renuncia y el reconocimiento deben ser incondicionales y sin reservas.»
De esta disposición se desprenden varios puntos relevantes. En primer lugar, la renuncia a la acción puede declararse mediante un escrito presentado en el expediente judicial, o verbalmente durante una audiencia, dejándose constancia en el acta correspondiente. Ambas formas tienen idéntica eficacia jurídica, siempre que se cumplan los demás requisitos.
En segundo lugar, y esto suele sorprender a quienes provienen de otros sistemas jurídicos, la renuncia a la acción no requiere ni el consentimiento del demandado ni una aprobación del tribunal en el sentido de una decisión discrecional. Una vez declarada válidamente, produce sus efectos de forma automática por disposición de la ley.
En tercer lugar, si la renuncia es solo parcial, es decir, el demandante renuncia únicamente a parte de sus pretensiones y continúa con el resto, la parte objeto de renuncia debe indicarse con precisión, ya sea en el escrito o en el acta de la audiencia. Una declaración vaga o ambigua que deje margen a la interpretación no satisface este requisito, precisamente porque las consecuencias son tan relevantes y los tribunales no especularán sobre lo que una parte realmente quiso decir.
En cuarto lugar, y quizás el aspecto más importante: la declaración debe ser incondicional. Un demandante no puede renunciar «a condición de que» ocurra otro hecho, ni «salvo que» no se produzca determinada circunstancia. La renuncia a la acción es una declaración clara e inequívoca, que no deja espacio para reservas.
Existe también un aspecto práctico importante en cuanto a la representación. Si un abogado actúa en nombre del demandante, el poder (vekâletname) otorgado a este debe contener, conforme al artículo 74 del HMK, una autorización expresa y específica para renunciar a la acción. Un poder general para el procedimiento no es suficiente a estos efectos. Este requisito refleja la seriedad con la que el ordenamiento jurídico trata este acto, ya que puede extinguir de forma definitiva los derechos sustantivos del cliente.
Cuándo puede declararse la renuncia a la acción
Una de las características más flexibles de esta institución se refiere al momento en que puede declararse. El artículo 310 del HMK lo regula directamente:
«La renuncia y el reconocimiento pueden declararse en cualquier momento hasta que la sentencia adquiera firmeza.»
Esto significa que el margen temporal para la renuncia a la acción es muy amplio. No se limita a las fases iniciales del procedimiento ni se cierra con la sentencia del tribunal de primera instancia. Una parte puede renunciar a su pretensión mientras el procedimiento sigue pendiente ante el tribunal de primera instancia, después de que se haya dictado sentencia pero antes de que adquiera firmeza, durante el procedimiento ante los tribunales de apelación (Bölge Adliye Mahkemesi), e incluso durante el examen por parte del Tribunal de Casación (Yargıtay).
Esta amplitud temporal refleja la realidad práctica de los litigios: los acuerdos transaccionales y los cambios de posición pueden producirse en cualquier fase, a veces años después del inicio de la controversia y en plena tramitación de un recurso. Cuando la renuncia se produce ya en fase de apelación o casación, el tribunal superior por regla general no entra a examinar el fondo del recurso. En su lugar, el expediente se devuelve al tribunal que dictó la decisión original, para que este adopte una resolución complementaria que tenga en cuenta la renuncia y sus efectos sobre el procedimiento.
El efecto jurídico vinculante de la renuncia a la acción
Las consecuencias vinculadas a la renuncia a la acción son lo que convierte esta decisión en algo tan trascendental, y el artículo 311 del HMK lo establece con claridad:
«La renuncia y el reconocimiento producen efectos jurídicos equivalentes a una sentencia firme. En caso de vicios de la voluntad, podrá solicitarse la anulación de la renuncia o del reconocimiento.»
En la práctica, la primera frase significa que, una vez declarada válidamente la renuncia, la controversia relativa a esa pretensión se considera definitivamente resuelta, con la misma eficacia que si el tribunal hubiera dictado una sentencia definitiva sobre el fondo tras un procedimiento completo. El tribunal dicta entonces una resolución formal que desestima la demanda por renuncia (feragat nedeniyle davanın reddi), y esta resolución de desestimación tiene a su vez efecto de cosa juzgada.
La consecuencia práctica es considerable: dado que se extingue el propio derecho material, y no solo ese procedimiento concreto, la misma pretensión no puede por regla general volver a hacerse valer en un nuevo procedimiento entre las mismas partes y sobre la misma base jurídica. Si un demandante que previamente renunció a una pretensión intenta posteriormente presentar una nueva demanda basada en ese mismo derecho, el demandado puede oponer la excepción de cosa juzgada, y el nuevo procedimiento se desestimará por regla general por motivos procesales, sin un nuevo examen del fondo.
Cabe destacar también que, conforme al artículo 312 del HMK, la parte que renuncia a la acción es tratada, a efectos de las costas procesales, como si la sentencia se hubiera dictado en su contra. La renuncia a la acción puede, por tanto, conllevar consecuencias económicas directas en materia de costas, un factor que debe sopesarse junto con los efectos sustantivos.
La renuncia parcial a la acción en la práctica
La renuncia a la acción no tiene que afectar necesariamente a todo el procedimiento. El artículo 307 prevé expresamente la posibilidad de una renuncia parcial, en la que el demandante abandona únicamente determinadas pretensiones o partes de lo originalmente solicitado, continuando con el resto.
Un ejemplo frecuente son los procedimientos con varias pretensiones autónomas, como una demanda de indemnización que comprenda diferentes conceptos de daño distintos. Un demandante podría, por ejemplo, decidir renunciar a la pretensión relativa a uno de esos conceptos, quizá porque nuevas pruebas demuestran que no es sostenible, mientras continúa con las pretensiones relativas a los demás conceptos durante el procedimiento.
Como se ha señalado anteriormente, el requisito de identificar con precisión la parte objeto de renuncia adquiere especial relevancia precisamente en estos casos parciales. Los tribunales examinan con detenimiento si el escrito o el acta de la audiencia determinan con claridad a qué se renuncia y qué permanece controvertido, ya que cualquier ambigüedad puede generar posteriormente dificultades sobre qué quedó realmente resuelto por la renuncia y qué permanece abierto a decisión.
La estrecha excepción por vicios de la voluntad
Aunque la renuncia a la acción, una vez declarada válidamente, se considera por regla general definitiva e irrevocable, el derecho turco no excluye por completo la posibilidad de circunstancias excepcionales. La segunda frase del artículo 311 permite a una parte solicitar la anulación de una renuncia si esta se declaró bajo un vicio de la voluntad (irade bozukluğu), concepto tomado de los principios generales del Código de Obligaciones turco y que abarca situaciones como el error, el dolo o la intimidación.
Si una parte puede demostrar que su renuncia fue el resultado de tal vicio, y no el ejercicio genuino e informado de sus derechos procesales, podrá solicitar la anulación de dicha renuncia. Esto puede hacerse de dos maneras. Por un lado, como excepción dentro del mismo procedimiento, si la cuestión surge mientras la causa sigue pendiente ante el tribunal. Por otro lado, como fundamento de una demanda independiente, dirigida específicamente a la anulación de la renuncia.
En la práctica, sin embargo, las impugnaciones que tienen éxito sobre esta base son relativamente poco frecuentes. Los tribunales turcos suelen considerar a las partes, y en particular a aquellas representadas por abogados con autorización expresa, vinculadas por las declaraciones realizadas en su nombre. Demostrar un vicio de la voluntad real requiere pruebas sustanciales, y el umbral para revertir un acto que de otro modo se considera definitivo se ha fijado deliberadamente alto.
Recomendaciones prácticas para quienes consideran renunciar a la acción
Para cualquier persona involucrada en un procedimiento en Turquía, ya sea una parte nacional, un inversor extranjero o una empresa con intereses transfronterizos, la decisión de renunciar a una pretensión merece una reflexión cuidadosa antes de presentar cualquier escrito o de realizar cualquier declaración oral en una audiencia. A diferencia de los actos procesales que dejan margen para un nuevo intento, la renuncia a la acción cierra definitivamente esa posibilidad respecto del derecho afectado.
Antes de encargar a un abogado que proceda con una renuncia a la acción, conviene determinar con exactitud qué resultado se persigue realmente. A veces, una parte en realidad solo desea suspender un procedimiento activo durante negociaciones de acuerdo, sin renunciar al derecho material en caso de que esas negociaciones no tengan éxito. En otros casos, una parte simplemente desea retirar temporalmente un asunto del calendario del tribunal. Ninguno de estos objetivos se logra mediante la renuncia del artículo 307; cada uno requiere un mecanismo procesal completamente distinto.
Dada la naturaleza vinculante, definitiva y en gran medida irreversible de esta declaración, y teniendo en cuenta que cualquier abogado que la realice en nombre de un cliente debe contar con una autorización escrita expresa para ello, una comunicación clara entre cliente y abogado resulta esencial. Cualquier persona involucrada en un procedimiento en Turquía debería dejar constancia por escrito de sus instrucciones relativas a la renuncia a la acción, ya sea para proceder con ella o para evitarla, con suficiente antelación a cualquier audiencia o presentación en la que la cuestión pudiera resultar relevante.
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